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Antiguo 07-27-2009, 03:11 PM   #1
alegior
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Icon Wink Gian Franco Pagliaro

Gian Franco Pagliaro
En la bella ciudad de Nápoles (Italia) nació el 26 de julio de 1941 este poeta, declamador y cantante.
Comenzó como cantante, oficio muy reñido en esa época así que en 1956 empaco sus maletas y viajó a Buenos Aires, Argentina, tenía apenas 15 años de edad. Allí pronto Gian Franco se hizo conocer por su talento, poseedor de una voz de barítono y un delicioso sabor napolitano rápidamente escalo los peldaños de la fama, Así que podemos decir que es un Italiano con corazón argentino.
En 1970 gano el festival de Buenos Aires con “Las
cosas que me alejan de ti”
Ha musicalizado los poemas de Martí, Rubén Darío y Neruda.
Según sus declaraciones, tiene varias colecciones, entre ellas de “Afectos”, recuerdos, emociones, palabras en desuso, canciones olvidadas; y también la manía de abrirle la jaula a los pájaros; cortar alambrados, saltar paredes, y escribir en los muros
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tiko14
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Gian Franco Pagliaro (Nápoles, 26 de julio de 1941), es un cantautor italiano radicado en la Argentina de gran predicamento en Latino America. Intérprete, declamador, poeta, músico y actor de una sola película. Gran protagonista de la década del 70 y de la canción de protesta cantada en castellano. Un artista que ya viajó varias veces desde el país del éxito al del silencio. Ha vendido unos cuantos millones de discos entre los hispanoparlantes del mundo. Un tipo no fácil de manejar, contradictorio, polémico, sin pelos en la lengua, que supo triunfar y supo “quemarse”, que supo cuestionarse y – por qué no – equivocarse.


Una mezcla de agresividad y ternura, de permanencia y ocaso. Querido, valorado y rechazado, quizá por su costumbre empecinada de no parecerse demasiado a nadie en especial, de no seguir modas en particular, o de ser sincero en lugares en que eso es un defecto. Un tipo golpeado profundamente que sufrió pérdidas irreparables, que convivió ásperamente con la proximidad de la muerte, desde la vida. Un tipo accesible, a mano, al que uno puede encontrárselo en cualquier calle o en un café, conversando con amigos íntimos o con los desconocidos más elementales, sobre lo que sea, pero, sobre todo, de la vida, de música y poesía.

“…Gian Franco es una rara Avis dentro de la canción popular latinoamericana. Además en el ambiente musical tiene, desde hace lustros, fama de transgresor. Cada vez que se lo pretende ubicar en una corriente cancionística específica, contradice la opción con su propio accionar. Para algunos es un cantante romántico, melódico, tal vez por tradición itálica. En esa línea romántica metió temas inoxidables como Amigos míos me enamore, Todos los barcos, No te vayas entonces, Vendrás con el mar, las uvas y el sol y etc. Otros, en cambio, han querido señalarlo como representante de la línea de protesta, incluso politizada, porque es el autor de canciones fundamentales e históricas como Yo te nombro, La balada del boludo, Las cosas que me alejan de ti, Confesiones de un ex y etc. Están los que niegan calidad musical a su timbre, y los que se entusiasman a partir de su expresión rica en matices. “No es fácil ser inteligente y banal al mismo tiempo y cursi y profundo y también comprometido y superficial, ser anárquico y respetar códigos y normas, musicalizar a Neruda, componer algún temita para sobrevivir e intentar un poema. No es fácil trazar el propio camino a la vera de los caminos establecidos, reunir en el mismo escenario todos los “yo” que habitan en uno.” Declara con un toque de indisimulada ironía. A simple vista, la primera impresión que uno tiene de Pagliaro, es que trasunta sinceridad, que no está en pose. La segunda impresión, a los cinco minutos de charlar con él, es que no se guarda casi nada, que está de vuelta y que realmente le importa un pito lo que piensan los “otros” de él. No sigue las modas, tampoco las impone, tiene estilo propio pero no tiene seguidores, tiene adeptos y detractores, quien suspira con su color de voz grave y “orgásmica” – calificativo que le acuñaron en Colombia donde vendió mas de 160.000 compactos de poemas entre 1999 y 2001 – y quien sostiene que su timbre es áspero, sucio, ronco y poco musical. Sus últimos discos, “Cantautores Queridos”, “Antología italiana” y “La voz de los poetas” , son la muestra cabal de un artista que se mueve y actúa guiado por sus estados de ánimo, con absoluta libertad de elección y acción y a contramano del marketing. El primero de los discos mencionados está dedicado a los cantautores que Pagliaro admira o aprecia: Joan Manuel Serrat, Alberto Cortez, Violeta Parra, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Leonardo Favio, Sandro, Facundo Cabral, Víctor Heredia entre otros y que recrea con su estilo que es marca registrada; el segundo es un disco dedicado a él mismo, a su italianidad, a su origen, a su particular manera de cantar, emotiva, cálida y que todos los amantes de la canción italiana le están eternamente agradecidos. Y el tercero, el disco más reciente, es una producción de poemas de grandes poetas que le han marcado el camino, el corazón y la cabeza: Pablo Neruda, Mario Benedetti, Oliverio Girondo, Walt Whitman, Jorge Luis Borges, Jaime Sabines, Fernando Pessoa, entre otros y que Gian Franco “dice” de una manera tan confidencial como si estuviera hablándonos al oído, con todos los matices de su voz que nunca suena a mentira ni a impostada. Asiduo lector de poesía, ha sido un temprano musicalizador de Martí, Darío, Pablo Neruda, Almafuerte, Gustavo Adolfo Bécquer, Franz Tamayo y uno de los primeros, tal vez el primero en esta parte del mundo y en castellano, en tocar dentro de la canción de amor la temática existencial de los cantautores franceses e italianos sesentistas. El hastío, la rutina, la ambivalencia sentimental, ese estar en el mundo sin un porque, ese amor-odio que habita en las relaciones de pareja está plasmado claramente en algunos de sus temas más logrados: “Cómo explicarte que te quiero/ aunque te hiera sin motivo/ solo porque me va muy mal/ tan mal que a veces amor mío/no tengo ganas de besarte...” (1968) o ”Qué absurdo es el amor /pienso al verme siempre aquí / sin poder ir donde quiero/ con el mar cerca de mi…” (1968) Ha cantado y homenajeado a los artistas que lo han influenciado como Jacques Brel, Georges Brassens, Charles Aznavour, Gilbert Bécaud, Georges Moustaki, Luigi Tenco, Sergio Endrigo, Gino Paoli, Claudio Baglioni, Riccardo Cocciante. Sin embargo y a pesar de frecuentar libremente tantos estilos y géneros, nunca ha perdido su forma de decir, su manera de cantar tan italiana y tan emparentada con la “canzonetta” napolitana de su ciudad natal.

Niñez
Gian Franco, Carlo para los padres, nace en Nápoles el 26 de julio de 1941. Sus padres Francesco y Anna y sus hermanos Antonio, Annamaría y Sonya. A los 6 años comienza con sus estudios primarios en una escuela de monjas en la localidad de Bagnoli. Sus inclinaciones artísticas comienzan a temprana edad, su habilidad en el dibujo y un oído musical lo hacen popular en la escuela. En su familia era cosa de todos los días cantar canzonettas, como Tosca, La Boheme, Cavalleria Rusticana, I Pagliacci, O sole mio, Torna a Surriento. Sus padres tenían previsto otro futuro para Carlo, querían que sea arquitecto, por su facilidad para el dibujo. Y él cada vez se interesaba más por las artes.

Buscando America
Un día zarpan buscando otras tierras a bordo de un transatlántico mítico en la historia de la emigración italiana, el Conte Grande. Cruzó el Atlántico en 16 días. 16 días de mar, viento, lágrimas y una incipiente nostalgia que será su amiga para siempre. Al igual que el ilustre antepasado Cristoforo Colombo, la familia Pagliaro buscaba un nuevo continente, una tierra prometida, el atajo hacia un destino mejor: América… El inmenso barco, el mismo que Fellini tal vez imaginó para su filme E la nave va, amarró en el puerto de Santos, Brasil. En Brasil, los Pagliaro permanecieron casi 2 años viviendo unos meses en San Paulo y el resto en Río de Janeiro. En Brasil el padre de Gian Franco no encontró su America, alguien le dijo que la América estaba en la Argentina. El padre no pudo hacer la América tampoco en la Argentina, se había equivocado de continente. “Esta América del Sur no es la América del Norte - solía decir - aquí no se habla ingles ni existe el dólar.” Aún así se quedaron. Se quedaron a "malincuore", con desgano, con el corazón en contra o a contramano del corazón. Un corazón que había quedado en Nápoles, a la orilla del Mare Nostrum, el Mediterráneo, ese mar que luego aparece insistentemente en las canciones de Pagliaro. No estaba en los planes de Gian Franco cantar, el padre quería a toda costa un arquitecto en la familia. En realidad tampoco estaba en los planes de Gian Franco emigrar a esta parte del mundo y quedarse en Buenos Aires, hacer amigos porteños, aprender un idioma que no conocía, enamorase por primera vez, comprometerse con el país, con el continente latino americano, con los movimientos políticos de entonces, con las utopías, descubrir el tango y su parentesco con la canzonetta napolitana. No estaba en ningún proyecto de la familia Pagliaro echar raíces en una tierra más "italiana" que su propia tierra. Cuando Gian Franco comenzó a cantar con su voz ronca y quebrada por tantas rupturas, tan solo quería cantar y dar rienda suelta a sus sentimientos. Y lo hizo en italiano, su idioma natal. Al quedarse en la Argentina decidió cantar en castellano contra la voluntad de su papá, quien sostenía que al cantar en castellano, perdía el encanto y las ventajas de la "incomprensión". Para el padre de Gian Franco, un hombre muy irónico, el éxito de los cantantes anglosajones consiste en que nadie los entiende. Ironía a parte, el hecho de tener una vena melódica por su origen itálico y el compromiso social que ya había asumido, le provocó a Pagliaro más de un dolor de cabeza.

Gian Franco Pagliaro llegó a la Argentina a los 16 años. Luego de algunas aventuras “proletarias”, se inicia en el canto por insistencia de algunos amigos y por “la alergia que le causaba el trabajo y la mala remuneración laboral”. La ironía del Tano es histórica. Tano o Tana es el apodo que tienen en Argentina las personas de origen italiano.

La idea de regresar a Italia seguía latente. Había que continuar los estudios en italiano por si acaso... Papá Francisco entonces contrata un profesor italiano: el “Professor Ginobili, licenciado en lengua italiana, literatura latina, griega, en filosofía y en historia del arte. El encuentro con el profesor Ginobili fue fundamental en la vida y en la futura carrera de Gian Franco Pagliaro.

Comienzo cantabile exitoso
En 1965 su íntimo amigo, Eduardo Costabile, le consigue un contrato en un piano bar. Otro amigo y cantante, Marty Cosens le consigue un contacto en la televisión y otro le presenta un personaje de la radio muy influyente. Vocaliza unos meses con un maestro de canto, luego algunos meses más con otro maestro y más tarde con un maestro de canto popular que le enseña las trampitas de la respiración. En 1967, el cantautor italiano Luigi Tenco se suicida durante el Festival de San Remo. Participaba con una canción “Ciao amore ciao”. El personaje influyente, Miguel Ángel Merellano, locutor de prestigio y un referente en la radiofonía argentina, le propone grabar la canción que Luigi Tenco no había registrado en los estudios. En pocas semanas, “Ciao amore ciao” en la voz de Gian Franco y cantada en italiano, se coloca al tope del ranking. En la grabadora le piden que siga grabando en italiano. Los artistas italianos estaban de moda y graba entonces canciones en su idioma natal de su autoría con un contenido denso, profundo que muy pocos entendían. “Pagliaro es un artista que nada contra la corriente. Transmite, con su particular y quebrada voz de bajo-barítono, calidez, ternura, profundidad, sinceridad con una sensibilidad desbordante. Lastima que no cante en español.” Comenta un periodista afamado. Mientras tanto el regreso a Italia se postergaba. Siguió algunos temas más con la “mano italiana”, y comenzó a componer y grabar en castellano para las grandes multinacionales, “Otra vez en el mismo bar”, “Todos los barcos todos los pájaros”, “Vendrás con el mar las uvas y el sol” y pega duro, muy duro en toda America y es uno de los pocos cantantes en español que se escucha en los clubes nocturnos de moda en la Buenos Aires de los sesenta: Mau-Mau, Intime, Club 74, Sunset, Lirondel, Afrika, Gong y otros... En ese tiempo cantar en castellano era “vulgar” y “cursi”. El Tano se salvaba por su acento raro y su voz ronca como la mayoría de los cantantes italianos. Además sonaba a sincero, verdadero y original y con una propuesta nueva. En 1969 sale a la venta su primer álbum en español: “Gian Franco Pagliaro en castellano”. ”. El disco es un éxito de crítica y de público. Pagliaro promete. Su voz cautiva. Su acento italiano vende. Tiene influencias de Charles Aznavour, Jacques Brel, Luigi Tenco, según los críticos, pero con un decir y un estilo propio y una personalidad que pisaba fuerte y que iba a pisar cada vez más fuerte en el universo musical argentino y latinoamericano.

Las cosas que me alejan de ti
El 23 de febrero de 1970 se casa con Elena Faccendini, la novia que creyó en él y que, según figura en una de sus biografías irónicas, la recompensó casándose con ella para siempre. En Septiembre de 1970, gana por unanimidad de público y jurado el IV Festival Buenos Aires de la Canción, con su tema “Las cosas que me alejan de ti”. Un tema anti-festivalero, un tema de amor y a la vez de denuncia, lúcido y emotivo, de tremendo impacto, un éxito que recorrió todo el continente americano y que en la voz del venezolano Héctor Cabrera fue un hit sin precedentes en Venezuela. Un tema que hizo historia y que popularizó un género, la canción de protesta, recluida hasta entonces en los reducidos ámbitos del Café Concert. Un tema que le dio a Gian Franco más dolores de cabeza que dividendos, más rechazo por parte de los medios de difusión que apoyo, un tema que cuestionaba y denunciaba la realidad social argentina, algo inaceptable para los colaboradores del gobierno militar del General Lanusse. Como si eso fuera poco, el dedo en la llaga lo ponía un italiano, un extranjero. Era el colmo. Combatido por periodistas y críticos obsecuentes que ya lo tenían en la mira, prohibido por las dudas en unos cuantos programas de radio y televisión, Gian Franco se presenta al año siguiente, en el mismo Festival, con una canción más provocadora: Yo te nombro. La canción, que había obtenido el máximo de los votos, es descalificada en la última ronda despertando la ira de Pagliaro y del público contra el jurado y se arma un escándalo mediático tan grande que el Festival dejó de hacerse. “Un italiano que deja mal parada la imagen argentina en el mundo” - decían los diarios - “qué vergüenza, qué pensarán de nosotros con estos ejemplos”. Las críticas fueron lapidarias y de todos los costados. Además del éxito y de la barba, comenzaba a crecerle la fama de rebelde, de loco talentoso, de irascible. Un peligro latente, un desorbitado fácilmente vencido por el encono, capacitado para decir o hacer cualquier cosa, equivocándose de cuerpo entero y ganándose una imagen que, desde entonces, es su mayor enemiga. Sin lugar a dudas es el artista con menos apariciones en los programas de la televisión argentina de estos últimos 30 años. Y uno de los más queridos y respetado por el público. Un record digno de figurar en Libro Guinness. La Sociedad Argentina de Locutores amenaza con querellarlo por infamia y calumnias. En realidad hay quienes se inquietan o se irritan porque, a veces, la irreverencia de Pagliaro parece no reconocer inmunidades y alcanzar a todos, hasta a los que piensan fundamentalmente como él. Eso lo llevó a convertirse en el porta estandarte de la canción de protesta en aquellos años de luchas y utopías, el pensar en voz alta no era conveniente y Gian Franco lo hacia, pensaba en voz alta, también escribía y cantaba libremente. Hasta 1973 – cuando anuncia que, en adelante, cantará sólo temas de amor, promesa que cumple a medias -- Pagliaro posiciona su perfil contestatario, convirtiéndose en protagonista de un movimiento musical comprometido con las raíces, con lo político y los derechos del hombre: la nueva canción latinoamericana. Asiste y canta en cada festival, concierto, evento, organizado por los partidos proscriptos y organizaciones de derechos humanos. Honestamente, anárquicamente, sin pertenecer a ningún sector político, cultiva esa suerte de cancionística social. Canta para un público que no lo toma, en el fondo, en serio (es un italiano sin partido); critica desde el escenario a ese mismo público rozando a veces el territorio de la burla, por ejemplo con algunos temas desopilantes. Como el cáustico “Guillermina Martínez Arana”, sátira al infantilismo de la izquierda: “Guillermina Martínez Arana/la más chica de tres hermanas/antioligárquica y libertaria/intransigente y lapidaria/habla peste de la burguesía/en cualquier bar confitería/ La burguesía fue siempre traidora de la clase trabajadora/ argumenta dialécticamente/ esta niña sabia y vehemente /que asiste a todos los recitales de canciones testimoniales....” y sobre todo una tarantela “Confesiones de un cantante de protesta”, especie de balance personal y sincero de esa etapa: “Un buen día, día de fiesta / en un acto de protesta / mandé a todos a la mierda / a los pobres y a la izquierda /pues estaba repodrido/ de andar siempre tan jodido/sin un mango en el bolsillo/ al igual que un poligrillo/Por cantar ciertas canciones/ que escribí sin pretensiones/ me pelee con todo el mundo/ como un perro vagabundo/ me pelee con los vecinos/ y también con mis amigos/ que no hacen un carajo/ si el país se viene abajo/ con mi suegro peronista/ que odia a todos los marxistas/ y con los ultraizquierdistas que odian a los comunistas/ con todos los comunistas que odian a primera vista…”

Yo te nombro, Paul Éluard y Neruda
Con el tiempo “Yo te nombro” o si prefieren, “Yo te nombro Libertad”, se convertiría en una de las canciones más emblemáticas de los setenta y la más utilizada por los partidos de izquierda y organizaciones revolucionarias en las paginas Web y también la más cantada: “por el pájaro enjaulado/por el pez en la pecera/por mi amigo que está preso/por ha dicho lo que piensa/yo te nombro Libertad...” Grabada por Nacha Guevara, Sanampay, César Isella, Reincidentes, Quilapayún, Savia Nueva, Suramérica, Iris Chacón, Isabel Aldunate y otros, esta canción, por motivos nunca aclarados por nadie y por una manifiesta ignorancia de muchos artistas e intelectuales, es atribuida generalmente al poeta francés Paul Éluard, quien, en 1942, escribió un poema, Libertad, que los ingleses lanzaron sobre Paris ocupada por los nazis. La confusión se debe a que un periodista del diario La Opinión, muy influyente en aquellos años, Jorge Andrés, escribió en 1971 un comentario sobre el Festival y el escándalo que había provocado Gian Franco con su actitud revoltosa. Del tema Yo te nombro dijo que tenia reminiscencias del poema Libertad, de Paul Éluard. Cuando Nacha Guevara, en ese entonces esposa del arreglador de Pagliaro, Alberto Favero, grabó la canción durante su exilio en España, hizo figurar en los créditos del disco que Yo te nombro estaba basada en un poema de Eluard. La canción dio la vuelta al mundo. En Chile la cantante Isabel Aldunate la grabó adjudicándole la autoria de la letra a Paúl Eluard y la música a Pagliaro. Desde entonces la canción de Pagliaro navega por Internet de portal en portal, de página en página con el nombre de Paúl Eluard en popa. Podría decirse que el poema más famoso de Eluard que circula por Internet lo escribió Gian Franco Pagliaro y no es una ironía.

En el verano de 1971 conoce en Buenos Aires a Pablo Neruda, quien, desde su Isla Negra, lo había autorizado a musicalizar sus poemas. En una apurada reunión organizada por la [[Sociedad Argentina De Escritores, Gian Franco le canta al vate y a su compañera Matilde Urrutia algunos de los poemas musicalizados: Desnuda eres tan simple… Farewell y El nuevo soneto a Helena. De ese encuentro nace un álbum prohibido por el gobierno militar de entonces y alabado por toda la critica, hoy por hoy convertido en un disco de culto: “Pequeña Antología Poética a Pablo Neruda”. El primer álbum dedicado totalmente al gran poeta chileno y a sus obras. Este disco contó con la especial colaboración en los arreglos musicales y en el piano de un músico de excepción, Alberto Favero y de los mejores instrumentistas argentinos de la época: Cacho Tirao en guitarra, Bernardo Baraj en saxo, José Bragato en cello, Antonio Yepes en percusión, Jorge Gonzales en contrabajo, Guelfo Nalli en corno, Roberto di Filippo en oboe, Chachi Ferreira en flauta, Irene Sopezak en viola, Kirkiris Panagiotis y Fernando Favero en violines. ”...Gian Franco Pagliaro desde Buenos Aires canta los poemas de Neruda con exquisitez, con sentimientos, con fervor. Porque no solo se trata de la candente belleza intrínseca de los textos, seleccionados entre los mejores del gran poeta chileno, sino que Pagliaro con perfecta dicción castellana los entrega en algo que se convierte a su vez en una autentica muestra de sentimientos y de sensibilidad y en una muy alta expresión que vale por si sola como otra especie de poesía extrañamente desvinculada de lo que se le escucha… “ comentaba el eximio periodista Cesar Magrini del Cronista Comercial el 5 de abril del 72 a propósito de los versos de La uvas y el viento, Extravagario, Cien sonetos de amor, El habitante y su esperanza, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Crepusculario seleccionados por Pagliaro para su disco antológico.

El 9 de diciembre del mismo año, 1971 nace su primera hija, Sonya Melisanda, dos años más tarde nace la segunda hija, Laura.

Canción para Chile
El 23 de agosto 1973, Augusto Pinochet fue confirmado como jefe del Ejército por Salvador Allende, a quien juró lealtad, pero sólo por 18 días, ya que el 11 de septiembre del mismo año encabezó el golpe de Estado e inauguró una dictadura de 17 años (1973-1990). Augusto Pinochet desató un sistema de terror en el país, con la colaboración de la Dirección de Inteligencia Nacional comandada por el coronel, más tarde general, Manuel Contreras. Con esto, decenas de miles de personas fueron privadas de libertad y sometidas a tratos de extrema brutalidad, no menos de cuatro mil fueron víctimas de ejecuciones sumarias. Hubo manifestaciones en contra del golpe en todo el mundo. En la Argentina se organizaban festivales contra Pinochet en cada teatro, en cada calle. La gente cantaba consignas muy combativas y muy emotivas: “Se siente, se siente/ Allende está presente/ hermano chileno no bajes la bandera/ que aquí estamos dispuestos a cruzar la cordillera”. Gian Franco recogió esas consignas, las ordenó, las musicalizo y nació Canción para Chile, grabada luego por él y el conjunto musical Folk 4. Esta canción fue súper difundida clandestinamente desde Moscú y Cuba y cantada en todos los actos de repudio al régimen militar de Pinochet. Los fondos recaudados por la venta del disco fueron donados a la resistencia chilena tramite el Comachi, (Comisión de ayuda a Chile). Pagliaro fue naturalmente prohibido en Chile. Cinco años después en Buenos Aires, 1978, Daniel Chanal, integrante de Folk 4, su mujer Verónica, el hermano de su mujer, la novia del hermano de su mujer, fueron secuestrados y desaparecidos.

Soñar soñar
Para 1974 Gian Franco es, a pesar de las prohibiciones, de sus propios desmanes, de su personalidad polémica e impulsiva y de la censura, un cantautor de gran fama, exitoso y un referente y protagonista de la música argentina de esos años que se debatía entre lo comercial y el compromiso, entre la canción pasatista y la canción de protesta.

TODOS LOS BARCOS, VENDRAS CON EL MAR, LAS COSAS QUE ME ALEJAN DE TI, YO TE NOMBRO LIBERTAD, AMIGOS MIOS ME ENAMORE, NO TE VAYAS ENTOCES, SI ME OLVIDAS TE OLVIDO, LA BALADA DEL BOLUDO, son algunos de los temas que le han dado fama y respeto. Artistas de variado géneros y estilos como Iva Zanicchi, Nacha Guevara, Leonardo Favio, Sandro, Enrique Guzmán, Héctor Cabrera, Jairo, Wilkins, Sergio Denis, Sanampay, Quilapayún, Los de Siempre, Savia Nueva, Carlos Torres Vila, Miguel Ángel Robles, La Mona Jiménez, Reincidentes, entre otros, han grabado sus canciones.

En 1976 su amigo Leonardo Favio, uno de los más importantes cantautores y directores de cine de Argentina y America Latina, lo convence a filmar bajo sus ordenes y al lado de Carlos Monzón, campeón mundial de los medianos, “Soñar Soñar “, considerada hoy una película de culto. El filme de Favio se estrenó durante el rechazo casi unánime al peronismo de Isabel Perón y su ministro José López Rega a quien se le atribuye la creación de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y unos días después del golpe militar del 76. Duró, era previsible, una semana en cartel.

La tragedia
Tampoco podía saber ni imaginarse la tragedia que se acercaba a pleno sol durante el verano del 1977. En efecto, el 10 de mayo de 1977, Laura, de tres años y medio, la segunda hija de Pagliaro es internada en el Hospital de Niños por un simple dolor de cabeza. Le descubren un tumor, es benigno pero de difícil acceso. La operación es un éxito sin embargo la niña no sobrevive. Toda la familia Pagliaro cae en un profundo pozo de depresión. Fue un golpe tan fuerte como del odio de Dios, hubiese dicho Cesar Vallejos. Aun así, en medio de tanto inesperado e insoportable dolor, al poco tiempo Gian Franco por razones económicas y contractuales tiene que viajar a Venezuela. En Caracas un coche se lo lleva por delante. La suerte estaba echada. La fatalidad buscada y encontrada. Queda tirado en la calle con fracturas múltiples. Lo llevan a una clínica donde lo tratan 2 meses. Regresa a casa en octubre de 1977 en silla de rueda. El 4 de septiembre de 1978 nace la tercera hija, Carla Rosalía, un pequeño y potente sol que ilumina nuevamente el oscuro cielo de todos los Pagliaro, menos la negrura perversa del Operativo Claridad.

La vieja costumbre de triunfar a contramano
Del 76 al 79 Gian Franco Pagliaro, estuvo viajando, cantando, exiliándose y accidentadose por America. En 1976 un tema suyo Todos los barcos, grabado en 1970, es un hit en America y permanece 17 semanas en los primeros puestos del ranking venezolano. Ese mismo año graba una canción alegórica sobre el éxodo de los argentinos No te vayas entonces, y pega fuerte. Todos tenían ganas de irse a otro lugar. “No te vayas amor mío /quédate un poquito más /este mal tiempo no es eterno/ pasará ya lo veras…” El mal tiempo militar duró en Argentina hasta 1983. Los militares pierden la guerra de Malvinas en 1982 contra los ingleses. Llaman a elecciones presidenciales y el radical Raúl Alfonsín triunfa por mayoría de votos, inaugurando una anhelada vida democrática. En plena democracia algunos le cuestionan a Pagliaro el enorme éxito obtenido en 1979, durante la dictadura, con una canción de la cantautora española, Cecilia. La canción, “Un ramito de violetas”, inició una nueva década de sucesos ininterrumpidos y giras por todo el continente americano que perdura hasta ahora y que preparó el terreno para el último gran éxito de crítica y de público de Gian Franco Pagliaro: discos de poemas de su autoria y de sus poetas preferidos, dichos o declamados por él mismo. Después de “meter unos cuantos viejos y nuevos golazos” como Amigos míos me enamore, No te vayas entonces, Si me olvidas te olvido, Este amor desordenado, Todos los barcos todos los pájaros, La balada del boludo, Yo te nombro, El extranjero, el clásico de Georges Moustaki, Gian Franco en 1998 graba para Discos Fuentes de Colombia, un álbum de poemas recitados. Textos poéticos de su autoria. Pensamientos inconfesables en voz alta, según sus propias palabras. Aunque a el no le gusta que le digan declamador ni poeta, es para los millones de personas que visitan sus videos en YouTube el que tiene una de las mejores voces para recitar, el menos afectado, el más natural y uno de los poetas mas leídos en los blogs. En 1999, Amante mía, el primer álbum de poemas para la disquera colombiana se coloca imprevistamente y a despecho del marketing, al tope del ranking convirtiéndose en el disco más vendido del año. Le siguieron Poemas ciudadanos y 20 Poemas de amor y desamor, con poesías de Pablo Neruda, Walt Whitman, Jaime Sabines, Oliverio Girondo, Fernando del Paso, Porfirio Barba Jacob, entre otros. Una vez más Pagliaro triunfa a contramano: vende poesías, palabras, silencios y pausas, en el país de la Salsa y del vallenato, en la tierra de la cumbia y del baile. En Medellín agota las entradas en 3 días. Recorre Cali, Manizales, Armenia, Pereira, Tuluá, Popayán, Barranquilla, Cartagena y finalmente Bogotá. “Podría pensarse, en un primer momento, que es un giro radical este de Gian Franco Pagliaro, pues considerado desde hace rato como cantante comprometido o de protesta, viene, en sus últimos trabajos, con melodías de corte romántico, desde baladas hasta boleros y, ahora, en estos últimos álbumes, un material definitivo: poesías de su propia cosecha (yo diría más su prosa poética). Sin embargo, no están tan lejos la protesta y la poesía. Se tocan, y no precisamente de una manera tangencial, pues maneja una misma materia prima: la palabra, la misma que puede tomar forma de dardo e ir contra un sistema de gobierno o una sociedad manipulada, o puede ser caricia o confesión y entonces el tono deviene poético. Comparten, además, otra característica, lo contestatario y lo poético: la subversión, el ir contra lo establecido, atreverse a decir lo que no debería. Pagliaro es consecuente entonces. No hay fisuras en su trabajo: fiel a aquello en lo que cree, la palabra alada, que cuestiona lo social o le canta al amor. Aquí, en sus textos, Gian Franco hace gala de una musicalidad que comienza en las expresiones cotidianas pero se eleva para decir algo que no es sencillo ni complicado, sino las dos cosas al mismo tiempo, algo que no tiene nada de trascendental pero que puede cambiar los esquemas de nuestras vidas, algo, en fin, que sin ser palanca mueve el universo…”Comentaba sobre la obra de Pagliaro la critica colombiana, Magnolia Ramírez. “El cantor es la memoria, - escribía en El Colombiano, Reinaldo Spitaletta, - es la tierra que camina, el recuerdo de lo que será. El poeta es tal vez el último hombre de un mundo paleolítico, y el primero en alertar acerca de la vigencia de los sueños. Sigamos nombrando la libertad. El canto continúa. Gian Franco también.
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